La
psiquiatría
es la especialidad médica que tiene por
objeto el estudio de las enfermedades mentales.
Por una parte, las enfermedades mentales fueron
consideradas durante muchos siglos, y aún lo son en ciertas culturas, como una
especie de enfermedades sobrenaturales e incluso demoníacas. Por otra parte, la
medicina, para poder abordar este aspecto tan desconcertante de la patología,
ha tenido que liberarse del concepto de enfermedad puramente orgánica, antes de
considerar al enfermo mental como víctima de una especie de enfermedad peculiar
capaz de alterar la vida psíquica del hombre, tanto en el campo de la
convivencia con los demás, como en la construcción de su propio mundo personal.
Es tan diferente la enfermedad mental con
respecto a la enfermedad orgánica, que muchas veces la medicina por sí sola ha
fracasado en sus intentos de abordarla. La enfermedad mental escapa al ámbito
de la medicina orgánica. En este terreno, la medicina necesita de otras muchas
ciencias auxiliares, la psicología, la sociología, la antropología, etc.
Durante todo el siglo XIX la psiquiatría fue
fundamentalmente anatomicoclínica. A principios del siglo XX aparece ya una
reacción contra la nosografía clásica, y sobre todo nace el concepto
psicodinámico de la psiquiatría a partir de los descubrimientos de Freud en
torno del subconsciente y sus mecanismos. En nuestros días, la psiquiatría se
halla en una fase sociológica en la que se da gran importancia a la biografía
del individuo, a sus relaciones con el grupo familiar y con el ambiente
cultural propio, a sus reacciones ante situaciones especiales, etc.
La
evolución histórica de la psiquiatría, desde su nacimiento entre 1700 y 1800 hasta
nuestros días, ha supuesto llegar a un concepto claro de enfermedad mental como
punto de partida de la psiquiatría.
Las enfermedades mentales no son, puras
entidades anatomicoclínicas, sino formas patológicas de la existencia
consciente, que se distinguen y se definen por su fisonomía clínica, su
estructura y su evolución.
En general, las enfermedades mentales se
pueden clasificar en agudas y crónicas. Las agudas presentan síntomas cuya
estructuración hace suponer carácter transitorio. Son crisis, accesos,
episodios, brotes, etc., que, aunque puedan repetirse, tienen una tendencia
natural a remitir. Ejemplos pueden ser las psiconeurosis o disreacciones
emocionales, las crisis maníacas, las crisis depresivas, los trastornos
psíquicos que acompañan a la epilepsia, etc.
Las enfermedades mentales crónicas, en cambio,
presentan una evolución continua o
progresiva que altera, de forma durable y persistente, la vida psicológica del
individuo. Según su grado de potencial destructivo, pueden darse las siguietes:
las neurosis, las personalidades psicopáticas, las psicosis delirantes crónicas, las psicosis esquizofrénicas y las demencias.






